
Página personal del poeta José Elgarresta
Pérdida de la conciencia y conciencia de la pérdida.
26/11/2005
Creo que el tema estrella del próximo libro de cualquier historiador o ensayista bien podría ser el estudio del paralelismo entre la decadencia del imperio romano y la situación de nuestra actual civilización occidental, que tanto debe a aquél precisamente. En efecto, ¿qué les ocurrió a los romanos? Que no se molestaban en ir a la guerra en defensa de sus ideales, los cuales tal vez ya no existían o no los motivaban. Como ahora diríamos, tenían rasgos asombrosamente modernos: sabían reconocer y despreciar muy bien la utopía. En consecuencia, reclutaron a extranjeros, que lógicamente se apoderaron del imperio.
A la luz de los acontecimientos citados, es elemental observar que la pérdida de los ideales acarrea fatalmente la pérdida de las ideas y con éstas la de todo lo edificado sobre ellas. ¿Y a nosotros qué nos ocurre? No descubrimos nada nuevo si afirmamos que las catástrofes colectivas del siglo veinte han provocado la desconfianza o el abandono generalizado de las grandes construcciones ideológicas que regulaban la convivencia o daban sentido al mundo. Desprovistos de este bagaje, ¿qué nos queda sino esperar la llegada de otros, portadores de mensajes susceptibles de ilusionar a la persona y estimular su intelecto? Porque, y eso sí es seguro, el hombre no puede navegar por esta vida sin puntos de referencia que le señalen un rumbo. En circunstancias concretas podrá variar lo que la sociedad considere bueno o malo, pero el bien y el mal siempre existirán y, si en algún momento se olvidan, aparecerá inevitablemente quien haga recordarlos. El pueblo que no tiene memoria de su propia historia está condenado a repetirla. ¿Estaremos nosotros condenados a repetir la historia del imperio romano?